Cómo escribir contenido legal sin dar asesoría
El equilibrio entre explicar bien y no resolverle el caso al lector, y las tres líneas del Código de Ética que no se pueden cruzar al publicar.
Matías MelladoPublicado el 10 de octubre de 2026
El contenido es la herramienta de captación más compatible con el Código de Ética que tiene un abogado: no se dirige a un destinatario determinado, no se refiere al asunto de nadie y no promete resultados. Pero hay que escribirlo con una disciplina que casi nadie aplica.
Las tres líneas
No opinar sobre casos concretos. El artículo 15 señala que falta a la dignidad profesional el abogado que habitualmente evacúa consultas por radio o emite opiniones por conducto de periódicos u otros medios de publicidad sobre casos jurídicos concretos. Explicar qué dice la ley sobre el despido injustificado es general. Analizar el despido de una persona identificable, no.
No tocar causas propias en curso. El artículo 14 impide dar a conocer escritos o informaciones sobre un litigio sub júdice, salvo para rectificar cuando la justicia o la moral lo demanden. Esto descarta la tentación más común: usar el caso que estás llevando como material.
No comprometer el secreto profesional. Aunque el caso esté cerrado y aunque cambies los nombres. El estándar práctico: si el cliente pudiera reconocerse a sí mismo y sentirse incómodo, no se publica.
El equilibrio que define si funciona
Un artículo demasiado superficial no demuestra criterio. Uno demasiado completo hace que el lector crea que puede resolverlo solo.
El punto está en explicar el qué con total generosidad y el cómo con honestidad sobre su dificultad. El lector debe terminar entendiendo perfectamente su situación y entendiendo también por qué ejecutarla solo es mala idea. No porque se lo digas, sino porque al leer el detalle se le hace evidente.
Ejemplo: explicar completamente qué es una tutela laboral, cuándo procede y qué plazo tiene es generoso y correcto. Incluir el escrito tipo para que lo presente solo es un error en las dos dimensiones, la ética y la comercial.
Los cinco formatos que funcionan
El plazo que la gente pierde. El contenido de mayor valor práctico. Las personas no pierden casos por falta de argumentos: los pierden porque se les venció algo.
Qué hacer en las primeras 48 horas. Qué guardar, qué no firmar, qué pedir por escrito.
Qué esperar del proceso. Duración, audiencias, qué tendrá que hacer el cliente, costos en términos generales. Casi nadie lo publica.
El error frecuente y caro. Firmar sin leer, dejar pasar la carta, borrar los mensajes.
El cambio normativo explicado. Ventana de semanas con alta demanda y poca oferta de explicaciones legibles.
El aviso legal, que ayuda más de lo que parece
Cada pieza lleva una nota de que es información general, no asesoría para un caso particular, y que cada situación requiere análisis de sus antecedentes.
No es solo protección: refuerza, con la autoridad del propio texto, que entre leer y resolver hay una distancia que requiere un profesional. Es el cierre de conversión más honesto que existe.
Cómo se estructura para que lo encuentren
El comportamiento de alguien con un problema legal es buscarlo. Eso define la estructura: una pregunta clara como título, la respuesta directa en el primer párrafo, el desarrollo después.
Escribir así sirve a las dos cosas a la vez. Es como se le escribe a una persona angustiada, que necesita la respuesta ya y el detalle después. Y es también como un buscador entiende de qué trata la página.
Cada artículo enlaza a la página de la materia y a dos artículos hermanos. Ninguna página queda suelta.
El cuello de botella, y cómo se resuelve
Nunca son las ideas: tienes cincuenta en la cabeza. Es el tiempo de escribir.
Lo que funciona en estudios reales: una conversación grabada de cuarenta minutos al mes, donde el abogado habla de lo que ya sabe, y de ahí salen dos piezas. La escritura y la edición no son trabajo del abogado. La revisión final, sí.